Por fin, me he decidido a escribir esta entrada que llevo postergando desde el pasado mes de septiembre cuando regresé de mi Viaje a Ibiza, sin lugar a dudas, una de mis mejores vacaciones y eso que estuvieron condensadas en tan solo cuatro días. En esta primera parte voy a hablar de la isla y de todo lo que tiene para ver, y dejaré para otro día la segunda parte donde hablaré de la fiesta ibicenca, que da bastante de sí.
Ibiza sin lugar a dudas es un lugar para visitar, tanto si quieres tranquilidad como si quieres fiesta todas las noches. Pero, como decía, voy a centrarme en la isla y en todas las posibilidades que ofrece. Me gustó mucho la ciudad de Ibiza, con sus casitas blancas puestas en la montaña que sube hacia la catedral (que podéis ver en la imagen), sus calles estrechas donde te puedes encontrar un restaurante o comercios, y sus espectaculares vistas del mar salpicado de diminutas islas.

En cuanto a las playas no son, ni mucho menos, lo que todos conocemos de la costa levantina, playas largas y anchas, sino que son pequeñas playas estrechas donde el agua es cristalina y limpia como, por ejemplo, la Playa d’en Bossa en Ibiza. Luego, más alejadas de la ciudad se encuentran las típicas calas que aparecen en todos los reportajes de la isla y que, sinceramente, no dio tiempo a visitar. Mi recomendación es que visitéis las Playas de Formentera (hay unos catamaranes que te llevan por un módico precio aunque también está genial el barquito de madera), sinceramente son espectaculares, arena blanca y un mar tan azul como nunca lo había visto. Me encantaron estas playas casi vírgenes, donde no dejan acercarse ni a los barcos para preservar la flora marina ni a los automóviles y autobuses para evitar la contaminación.

Además de Ibiza ciudad, hay otras poblaciones que son dignas de visita como, por ejemplo, Sant Antoni de Portmany al lado contrario de la isla. En este lugar tiene su emplazamiento uno de los locales más famosos de la isla, Café del Mar, desde donde se puede contemplar el atardecer. Es todo un ritual, la gente se va juntando a lo largo del paseo en donde se encuentra el Café, ocupando muros y bancos para disfrutar de uno de los espectáculos más bonitos que nos ofrece la naturaleza, observar como cae el Sol en la lejanía sobre un mar oscurecido por la falta de luz es sencillamente impresionante.

Por último, el tema del alojamiento fue por separado, mis amigos fueron unos días antes y se hospedaron en un apartahotel, y yo me fui solo a un hotel cercano a la playa, en primera línea para ser exactos y, la verdad, me llevé una grata sorpresa al comprobar que estaba muy bien y su precio era bastante económico. Sinceramente, me sorprendió mucho el tema de los precios, pensaba que iba a ser un lugar donde te cobrarían demasiado por cualquier cosa, pero había de todo, desde el sitio más exclusivo hasta el restaurante más económico donde comer muy bien a buen precio.
Como decía antes, para otro día dejo la fiesta en Ibiza, aunque he de decir antes de continuar que es una falacia que haya fiesta todo el día. Allí, a las 7:00 de la mañana se cierra todo hasta la noche siguiente. Y a esas horas de la mañana, si te sientas un ratito en la playa, puedes contemplar un impresionante amanecer como hicimos nosotros.

Para despedirme de esta primera parte, me gustaría recordar a mis grandes amigos Albert, Berme y Jose Fer, con los que disfruté de estos días en Ibiza. Espero que les parezca correcta esta breve descripción de todo lo que vimos durante las vacaciones, aunque seguramente me haya dejado algo en el tintero, el pacto de caballeros al que llegamos en el aeropuerto me lo impide: “lo que pasó en Ibiza, se quedó en Ibiza“.